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miércoles, 9 de mayo de 2018

A LA VIRGEN, PODEROSA ORACIÓN PARA QUE EN EL MES DE MAYO TE CONCEDA UNA SÚPLICA


¡Oh Santísima María!
Durante este hermoso mes que te está consagrado,
todo resuena en amor, con tu nombre y alabanza.
 
Escucha mi oración, Virgen santa:
Os doy mis ojos, oídos, boca, corazón,
mi ser todo entero; aceptadlos,
defendedlos como vuestro bien y propiedad.

Tu, Señora, mi favor y amparo atiendes
 y de mis enemigos me defiendes.

Gloria sea al Padre Eterno,
Gloria al Hijo Soberano,
y por siglos infinitos,
Gloria al Espirito Santo.

Dios te salve, sabia Virgen,
Casa de Dios donde se hallan
siete columnas de dones
y un aparador de gracias,
de toda mancha de culpa
altamente preservada,
antes santa que nacida,
en el mismo vientre de Santa Ana.
 
Tu eres Madre de vivientes,
de los Santos puerta Santa,
de Jacob estrella y Reina
de la angelical escuadra,
pues eres al enemigo
escuadrón que le acobarda,
sirves de puerto y refugio
a los fieles que te llaman.

 Dios te hizo en gracia y sin pecado
y te dio preferencia ante todo lo creado,
oye Virgen, mis ruegos y suspiros
y llegue mi oración a tus oídos,
Santa María, Reina de los cielos,
Madre de nuestro Señor Jesucristo,
oye Virgen mis ruegos y suspiros.
y llegue mi oración a tus oídos.

Tu santuario resplandece en este mes,
con nuevo brillo y devoción,
y nuestras manos te han elevado
un trono de gracia y de amor,
desde donde presides en Mayo
y escuchas nuestras oraciones y votos.

Hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan,
que no se marchitan, así eres tú, Madre mía
que nos das el más hermoso amor de una madre,
junto con la piedad con que cuidas de tus hijos,
y la más bella corona que podemos ofrendarte
es la de no volver a pecar
y ofrecerte nuestras mejores virtudes.

Sí, los lirios que tú nos pides
son la inocencia de nuestros corazones.

Nos esforzaremos, pues,
durante el curso de este Mes consagrado a tu gloria,
¡oh, María, Virgen Santa!
en conservar nuestras almas puras y sin manchas.

La rosa cuyo brillo agrada a tus ojos es la caridad,
el amor a Dios y a nuestros hermanos.

Nos amaremos, pues, los unos a los otros,
como hijos de una misma familia, cuya Madre eres,
viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal.
En este Mes bendito, procuraremos cultivar
en nuestros corazones la humildad,
modesta flor que te es tan querida,
y con tu auxilio, llegaremos a ser puros,
humildes, caritativos, pacientes y resignados.

¡Oh María!, haz producir,
en el fondo de nuestros corazones,
todas estas amables virtudes:
que ellas broten, florezcan y den frutos de gracia,
para poder ser algún día dignos hijos
de la más santa y de la mejor de las madres.

Labios míos, cantad de noche y día
las grandes alabanzas de María.

Bendita Señora,  mí favor y amparo atiende,
y concédeme la súplica que con tanto fervor
te solicita, este tu hijo penitente:

(Hacer ahora una súplica a la Santísima Virgen,
con mucha fe y devoción)

Gracias Santa María, Madre,
que de mis enemigos me defiendes.

Gloria sea al padre eterno,
Gloria al hijo soberano,
y por siglos infinitos
Gloría al Espíritu Santo.

Salve, del mundo Señora,
Salve, de los cielos Reina.
Virgen de vírgenes pura,
Salve matutina estrella,
Salve la llena de gracia,
Luz divina clara y bella.

Al socorro de los hombres
Ven Señora con premura,
que Dios te escogió para Madre,
 de su Hijo y de los hombres.
Oye Virgen mis ruegos y suspiros,
y llegue mi oración a tus oídos.

Santa María, reina de los cielos,
Señora de todo el mundo,
que a ninguno desamparas ni desechas,
mírame, Señora, benignamente
con ojos de piedad y bondad
y alcánzame de tu Hijo el perdón
para que yo reciba después el galardón
de poder pasar la eternidad
mirando tu hermoso rostro
junto a Jesucristo Nuestro Señor,
que con el Padre y Espíritu Santo
 vive y Reina en Trinidad perfecta
por todos los siglos de los siglos.

Oye Virgen, mis ruegos y suspiros,
y llegue mi oración a tus oídos.

Amén
 

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