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martes, 29 de mayo de 2018

A SAN ANTONIO DE PADUA, ORACIÓN AL SANTO QUE CONCEDE MILAGROS


 Oh! bendito santo mío,
 San Antonio de Padua,
él más gentil de todos los Santos, 
tan lleno de amor a Dios
y de caridad por su criaturas
que fuiste merecedor,
cuando estabas aquí en la tierra,
del don de realizar  milagros,
grandes y en abundancia.

Los milagros esperaban tu palabra,
y tu estabas siempre dispuesto a hablar
por todos los que tenían problemas,
dificultades, necesidades o ansiedades.

Animado por este pensamiento,
hoy acudo a ti con humildad
para implorarte que obtengas para mí
(Exponer ahora tu petición).

La respuesta a mí súplica

es de gran dificultad,
imposible para que pueda conseguirla
por mi mismo sin tu ayuda
y es posible que requiera un milagro,
pero aún así tú eres el santo de los milagros,
favorito de Dios,
y siendo tu mi intercesor
estaré más cerca ante el Padre
para que muestre su favor y misericordia.

Mi gentil y querido Santo,
cuyo corazón siempre está lleno de bondad
y compasión hacía la humanidad,
susurra también mi petición
a los oídos del dulce Niño Jesús,
a quien le gustaba estar en tus brazos,
y por siempre tendrás la gratitud de mi corazón.

Amén.
 
A SAN ANTONIO

San Antonio, glorioso y santo,
Paduano milagroso,
atiende nuestra penurias,
danos tu pan bendito
que sacia cuerpo y alma,
y ruega por mi a Dios
que su ayuda necesito.

Si buscas milagros mira,
muerte y error desterrados,
miseria y demonios huidos,
leprosos y enfermos sanos.

El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.

El peligro se retira,
los pobres van remediados;
cuéntenlo los socorridos;
díganlo los paduanos.

Ruega a Cristo por nosotros,
San Antonio bendito, y santo,
para que dignos así
de sus promesas seamos.

Amén.

Su festividad se celebra el día  13 de Junio

Nació el bienaventurado San Antonio en Lisboa, Portugal, de padres nobles, y desde niño dio muestras de lo que había de ser, así por su vivo, y despierto ingenio, como por su gran recogimiento y modestia.

A la edad de quince años tomó el hábito de canónigo regular de S. Agustín  y después de profesar, se dio al estudio de las divinas letras, con admirable fruto. Estudió Teología y cultura eclesiástica profundizando en la disciplina religiosa del estudio de la Biblia y la Lectio Divina y en el año 1220 se trasladó de convento haciéndose Franciscano y adoptando de nombre de Antonio en honor a San Antonio Abad. Fue enviado a un Convento que estaba en un desierto, llamado el Monte de Paulo, en él estuvo el Santo dándose a la oración y contemplación y a una extremada penitencia, sustentándose solamente con pan y agua.

Pasó a Italia  y a Francia, donde convirtió muchos herejes con su predicación, y estupendos milagros y uno fue, que predicando a unos herejes y no queriendo oírle, el santo se acercó a la ribera del mar y llamando a los peces para que le oyesen se vio a infinidad de ellos, levantadas las cabezas del agua, que le comenzaron a oír.

En una ocasión resucitó a un difunto para justificar a su padre. En otra hizo que la mula de un hereje  que llevaba tres días hambrienta dejase la cebada y fe arrodillase delante del Santísimo, y el hereje se convirtió.

 
Fue devotísimo de la Virgen Santísima  y tuvo tanta familiaridad con Jesús, que una vez le vieron en los brazos del Santo en figura de Niño hermosísimo.

Innumerables son los milagros que San Antonio hizo en vida y en muerte, que fue el día 13 de junio del año de 1231.

Meditación de como debemos gobernar la lengua.

Se halló la lengua del glorioso San Antonio treinta y dos años después de su muerte, tan fresca, y entera  como si acabara de espirar. Quiso Dios premiar con este milagro, lo bien que la había empleado en hablar siempre de él, así en sus sermones  como en sus conversaciones.

Mira si empleas tu lengua en hablar de Dios, y, si acompañas con el corazón la lengua cuando hablas de tu Creador y cuando dices que le amas y que aborreces tus pecados.

No se puede estar siempre hablando de Dios pero lo que se hable es preciso que sea por su Divino amor y aunque el consolar a los afligidos, reprender a los pecadores, y hablar de los negocios temporales no es hablar con Dios sin embargo  si se hace únicamente por su amor, será premiado.

Y así, mira que no pronuncies palabra que no sea para mayor gloria de Dios, imitando a los primitivos Cristianos, que hablaban siempre considerando que Dios los escuchaba.

Es preciso callar por amor de Dios en los momentos en que pudieras mostrar tu enojo y también en las ocasiones en que te alabaren unos y vituperaren otros. No te dejes vencer de la vanidad o de la ira, ni te entretengas en murmurar las faltas ajenas, diciendo algo que les pueda enojar u ofender. Y mas vale callar en ocasiones que hablar bien porque es mas difícil conocer al que calla que al que habla.

ORACIÓN

Señor Dios y Padre nuestro,
que dispusiste con ternura
que el bienaventurado confesor tuyo
 San Antonio de Padua,
encendido en deseos del martirio,
pasase a la Orden de los Menores:
Concédenos, que siempre,
 con sagrada emulación de lo mejor
nos inflamemos, por intercesión suya,
 en un mayor fervor de tu amado Hijo.
 
Concédeme Señor, por intercesión
del bendito San Antonio de Padua
la súplica que te hago en mi plegaria,
si ha de ser para el bien de mi alma
y para mayor gloria suya.
 
Amén.
 

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